Mi primer viaje en bicicleta: de Guayaquil a Playas

Llegó otro momento de mi vida como ciclista: empezar a salir de la ciudad, a viajar, explorar y vivir nuevas experiencias. Les comparto mis primeros conocimientos.

“Vamos a viajar a Playas en tres semanas”. Fue el aviso-invitación de mi amiga Diana González mientras pedaleábamos por la calle Portete, al suroeste de Guayaquil. Lo que nació como una invitación informal, terminó siendo mi primer viaje en bicicleta fuera de Guayaquil.

Escúchalo en mi podcast: https://anchor.fm/periodismoenbicicleta/episodes/Mi-primer-viaje-en-bicicleta-de-Guayaquil-a-Playas-eh1ef7/Ciclismo-a2ohr77

Siempre había querido viajar en bicicleta. Hace unos cinco o seis años me visualicé pedaleando a lo largo de ciudades hasta llegar a Colombia, por un evento que ahora no recuerdo. Acampando, explorando destrezas que ni yo conocía, durmiendo con mucho frío o bastante calor. En ese entonces no sabía con quién pero era lo que deseaba.

Obviamente que nuestros deseos no se cumplen solo porque los deseamos sino que se van dando cuando es el momento de que se cumplan. Y ahora llegó el momento.

Tengo siete años como ciclista urbano. La bicicleta no es solo para recreación o deporte, es un medio de transporte. Así muchas personas no les cuadre la idea. Y ahora sería mi compañera de viaje a lo largo de 200 kilómetros, ida y vuelta de Guayaquil hacia General Villamil Playas, aquel balneario donde tantas veces he ido -en carro o bus- sin imaginar siquiera que sería mi primer destino.

Por consejo de mis amigas-instructoras (Diana y Kathy García) la preparación comenzó con unas dos semanas de antelación. Toma mucha agua, come pastas, me decían mis amigos-compañeros de Masa Crítica Guayaquil. En el camino, dulces, chocolates, frutos secos.

Así que fue tomar mucha agua en las dos semanas previas y, una semana antes, darle un receso al alcohol. Lo que primero fue adrenalina por el viaje, luego se convirtió en ansiedad y hasta un poco de temor. Pero siempre tuve claro el objetivo, viajaría a una distancia que nunca había recorrido y lo haría bien.

Se podría decir que aquí está una primera enseñanza: el poder mental. Enfócate en lo que vas a hacer, confía y afianza tu proyecto. Todo nace de la mente y si estás listo para hacerlo, lo harás.

Sucedió tal como lo había pensado. Esa madrugada dormí -menos de- lo justo. Cuatro horas. Pero no importa, a las 03:30 estaba en pie para una hora después haber desayunado un batido de guineo con avena, y un sánduche de mermelada con mantequilla sin sal y queso. Sumado a un envase de fideo integral.

No lleves mucho equipaje, lleva lo más ligero posible. Es otra lección que te deja esta travesía. Así cargas poco peso y tu viaje será más ligero. Con la ayuda de mi alforja delantera, guardé ahí un tubo con parches, herramienta para cualquier percance, el parlante que me dotó de música en el viaje, los dulces mencionados, llave de la casa, etcétera.

Salimos temprano. A las 6 ya estábamos en camino por vía a la costa. Con un ritmo promedio de 15-20 kilómetros, el viaje de ida no implicó mayor problema usando la ciclovía.

Mi inconveniente fue pasando Progreso. En los últimos 20 kilómetros aproximadamente mi pedaleo se tornó intenso porque trataba de alcanzar a mis compañeras -que habían conseguido velocidad- y esto forzó mis piernas a un nivel superior al que estaban preparadas. Tercera lección, no fuerces tu cuerpo a lo máximo posible.

Esto me dejó un ligero dolor en la pierna derecha, que hasta un día después del viaje persistía. Por eso es importante también descansar. Deja que tu cuerpo se reponga.

No dejar que tu cuerpo descanse, te pasa factura al día siguiente. Aunque las tres compañeras de ruta sentíamos cansancio, cumplir la meta era el reto. Por eso te desafías, subes las lomas con coraje, y aunque a veces reniegues de la travesía, cada loma superada es un alivio.

Al final, cumplir la meta es lo más satisfactorio. Nos tomó cinco horas llegar de Guayaquil a Playas y una hora menos volver. Aunque llegamos con la oscuridad nocturna, el brillo de tu bici en la carretera vale más, ese brillo diciéndote: oye, lo lograste.

¿Cuál será mi próximo destino?

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